EL REVISIONISMO HISTÓRICO Y LA HISTORIOGRAFÍA

por Cátedra

(Por Ramón Torres Molina) Existe en la historiografía argentina una verdadera política de la historia en la cual sus corrientes interpretativas a la vez que intentan explicar el pasado constituyen el fundamento de la política de cada sector social en un momento determinado de la historia. Es que la tarea histórica de formar una nación independiente comenzada con las guerras de la independencia conserva hoy, bajo otras formas, toda su vigencia. Por eso nuestra historia es una historia polémica que establece una relación directa entre los hechos políticos y el surgimiento y difusión de cada una de las corrientes de la historiografía argentina. Los sectores sociales en sus disputas por el poder buscan en la historia la legitimidad de su política trazando líneas que son expresión de una continuidad histórica en la cual la política de la historia cumple una función teórico-ideológica que da coherencia a los objetivos que se persiguen.

Los vencedores de Caseros pretendieron dejar establecido de una vez para siempre lo que llamaron el juicio de la historia, verdadero fallo inapelable que condenaba toda posible reivindicación de la historia federal y exaltaba la tradición unitaria y liberal de la que eran portadores. Las obras clásicas de la historia liberal, escritas por Mitre y López, respondían a esas necesidades y la interpretación liberal de la historia se correspondía con la política liberal de la época. Mitre y López escribieron la historia con diferentes criterios sobre la reconstrucción de los hechos y distintos enfoques sobre la interpretación de la tradición liberal, pero ambos aplicaron, en el análisis de los hechos de la historia, el modelo político y económico europeo, omitiendo las particularidades de los países hispanoamericanos que recién emergían de las guerras por la independencia y se proyectaban hacia los mercados internacionales en plena época de desarrollo del capitalismo. Era una política de la historia que relegaba el concepto permanente de nación a la etapa de las guerras por la independencia.

La historia liberal iniciada por la historia clásica consagró así, en el curso de varios años, una serie de valores cuyos anteceden¬tes se encontraban en el Facundo y la labor periodística de la emigración. Se tomó como historia lo que decía que ocurrió el Facundo o la prensa de Montevideo y Santiago, sin ningún tipo de corrección o rectificación posterior. El sustento mas importante de esta historia liberal fue la tradición unitaria y liberal de la oligarquía porteña. Pero la tradición liberal y la historia liberal no se confunden ya que la segunda responde a necesidades de mayor amplitud ideológica motivadas por las propias necesidades políticas de la oligarquía. López fue quien mejor reflejó esa tradición liberal. Mitre la modificó parcialmente y en la Historia de San Martín y de la emancipación americana reivindicó a San Martín, proscripto hasta ese momento de la historia por la tradición liberal, por su desobediencia y responsabilidad en el triunfo federal en Cepeda. Por una necesidad de la política de la historia San Martín fue aceptado por la historia liberal ya que resultaba muy vulnerable, para esa historiografía, las falsificaciones que omitían su papel deci¬sivo en el triunfo obtenido en las guerras por la independencia. Pero aun los mismos criterios de Mitre fueron ampliados y la historia liberal terminó por aceptar a Artigas y Güemes, aunque deformando su obra y significado. En las leyes del Congreso de la Nación y de las legislaturas provinciales encontramos un verdadero catálogo de esa historia liberal oficializada.

La concepción interpretativa de Mitre y López como la de la mayor parte de la historiografía argentina es una teoría idealista de la historia en la que el protagonista es el hombre que se destaca del con¬junto e impone sus ideas (el héroe). Cuando Sarmiento escribió el Facundo consideró al caudillo como la expresión de un pueblo que, según su punto de vista, se manifestaba negativamente representando la barbarie. Pero sostenía un criterio conceptualmente válido (distinto al de la historia liberal) en la cual el pueblo resultaba el protagonista principal de la historia. Así el Facundo, más que la historia de un caudillo, era la historia de un pueblo. Este punto de vista no fue seguido por la historia liberal que en su formalismo democrático no podía aceptara que los caudillos fueran la expresión del pueblo. Tomaron del Facundo la falsificación de los hechos, considerando como verdades las deformaciones concientes que tenían por objeto combatir a Rosas, pero omitieron su criterio interpretativo.

Sobre el sistema historiográfico así establecido se asentó posteriormente la historia académica que profundizó el estudio documental de la historia en la misma dirección que la señalada por Mitre. La interpretación fue la misma que había dado la historia clásica convertida en verdad absoluta. A pesar de su mayor rigor científico en la investigación documental no revisó los fundamentos documentales de la historia clásica ni sus conclusiones y aun aquellas investigaciones parciales de los historiadores del interior que en sus proyecciones resultaban incompatibles con la historia liberal, aparecían subordinadas a las interpretaciones establecidas. Eran explicaciones que atenuaban los errores del federalismo y no verdadera reivindicación de una política nacional.

La corriente documentalista carente de sistemas teóricos de análisis y esencialmente empirista tampoco modificó las conclusiones de la historia clásica y la historia académica. Sus criterios históricos ideológicos son los existentes, puesto que carecen de teoría interpretativa. Sus investigaciones documentales resultan de interés para la reconstrucción científica de nuestra historia, aunque se pierde, en parte, por sus derivaciones parciales hacia temas de poca importancia en el esclarecimiento de las grandes líneas de nuestro pasado.

Cuando José Ingenieros escribió La evolución de las ideas argentinas trató de renovar los criterios interpretativos de la historiografía argentina utilizando en sus análisis lo que él consideraba como materialismo histórico. Pero como el material de análisis era el que ya estaba dado por la historia clásica y el modelo europeista que utilizaba coincidía con el modelo de la historia liberal, sus interpretaciones fueron las mismas. Complementó así la historiografía liberal establecida, aunque con distintos fundamentos.

Ingenieros aplicó la idea que tenía del materialismo histórico con la idea de la realidad argentina, tomando elementos aparentes y superficiales como una realidad empírica similar a la europea. Si el feudalismo medieval se basaba en la propiedad de la tierra, Rosas, que era un propietario de tierras, era un señor feudal. No importaba que la estancia utilizara mano de obra asalariada y su producción fuera para el mercado, hechos que convertían a la estancia en una unidad de producción capitalista. Si el feudalismo utilizaba a la religión como ele¬mento ideológico, Facundo Quiroga, que levantaba la bandera de Religión o Muerte era el más retrógrado de los señores feudales. Tampoco importaba, para Ingenieros, las condiciones históricas en que surgía esa bandera como ideología nacional frente a la entrega de los minerales del Famatina al capital extranjero.

Ingenieros consolidó, de esa forma, la historia liberal establecida y de su obra derivan las interpretaciones posteriores del marxismo liberal del cual Ingenieros es su mejor representante.

Pero también en Ingenieros surge otro aspecto negativo de la historiografía argentina. Su obra es de interpretación y no de investigación, suponiendo la existencia del suficiente material empírico para una tarea de síntesis. La mayor parte de la historiografía marxista liberal que le siguió es exclusivamente interpretativa, sin ninguna investigación documental y por consiguiente con pocos aportes efectivos para el estudio de la historia.

De esta forma la historia clásica, académica, documentalista y marxista liberal conformaron las distintas corrientes de la historiografía liberal, expresión ampliada de lo que fue la tradición liberal, origen y fundamento de la historia oficial con criterios de valoración esencialmente europeistas.

Las distintas corrientes del revisionismo histórico se forma¬ron como oposición a la historiografía liberal con orientaciones interpretativas cuyos lineamientos fundamentales ya se encuentran en la obra de los precursores (Saldías, Peña, Quesada).

Saldías intentó continuar la historia de Mitre siguiendo su misma orientación de reconstrucción documental y la misma teoría idealista en la interpretación de la historia. Pero en el estudio documental de la época de la confederación descubrió las falsificaciones im¬puestas por la historia liberal. Su Historia de Rosas y su época cuyos tomos aparecieron en 1881, 1884 y 1887 y que a partir de su segunda edición de 1888 se llamó Historia de la Confederación Argentina , fue el punto de partida del revisionismo histórico de hoy.

En Saldías estuvo ausente el modelo europeo de análisis común a toda la historia liberal. Trabajó empíricamente sobre la realidad nacional sin preconceptos negativos y sus conclusiones fueron diferentes a los valores predominantes en la oligarquía gobernante que también Saldías compartía. De allí que en la Historia coexistan el elogio de la política de Rivadavia con la reivindicación de Rosas, incompatibles desde el punto de vista de las grandes líneas de nuestra historia. De su obra surge la defensa de una política nacionalista como un valor permanente en toda nuestra historia y no circunscripta únicamente a la época de las guerras de la independencia, como sucede con la historia liberal. La afirmación de la nacionalidad constituye una de las grandes líneas de la historiografía revisionista que desde entonces se proyecta hasta la actualidad.

David Peña en su obra Juan Facundo Quiroga (que apareció en 1906 y es una compilación de las conferencias pronunciadas por el autor en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires en 1903), demostró las falsificaciones históricas de Sarmiento mediante la documentación perteneciente al archivo del caudillo riojano. Pero en su oposición a Rosas, Peña no superó los criterios de su época. Las diferencias entre Quiroga y Rosas que señala, que como aspecto positivo permiten profundizar posteriormente en el estudio de la dinámica propia del federalismo del interior, dio origen a toda la historiografía que opone a los caudillos del interior a Rosas. Peña retomaba así puntos de vista de Alberdi re¬feridos a las disputas entre Buenos Aires y el interior por las rentas de la aduana, que posteriormente fueron profundizados por Juan Álvarez. Toda esta historiografía omite el estudio de la contradicción principal de la época que era la política que intentaba la formación de una nación independiente, con una economía capitalista desarrollada, frente a los intentos colonialistas de las grandes potencias por establecer distintas formas de dominación. La contradicción entre Buenos Aires, el litoral y el interior era un elemento secundario frente a esa contradicción principal. Se pierde de vista así el significado de las gran¬des luchas nacionales de Rosas que encontraban su adecuada complementación en la política de Quiroga.

Es en la obra de Quesada donde surgen expresamente las bases teóricas de los estudios posteriores del revisionismo histórico. En La época de Rosas cuya primera edición fue publicada en 1898 se analizan a las guerras civiles como verdaderas guerras nacionales. Se establece así el verdadero carácter de las luchas federales, implícito en Saldías, en las cuales el protagonista principal es el pueblo, base de sustentación de toda guerra de contenido nacional.

A los aportes teóricos de Quesada se le agregan sus estudios documentales sobre las campañas de Lavalle y de la Coalición del Norte, para los que utilizó el archivo de Pacheco que también tenía la documentación capturada a Lavalle en Quebracho Herrado y a Aráoz de La Madrid en Rodeo del Medio .

La obra de los precursores fue continuada en la década del treinta por una historiografía que cuestionaba abiertamente la historia oficial. Era el revisionismo histórico que se expresó en sus co¬mienzos a través de dos corrientes: la del revisionismo aristocrático (Ibarguren e Irazusta) y la del revisionismo popular (Scalabrini Ortiz, Jauretche, Rosa). El Instituto de estudios federalistas de Santa Fe y el Instituto de Investigaciones histórica Juan Manuel de Rosas de Buenos Aires fueron los centros de difusión de las dos corrientes del revisionismo histórico. Posteriormente de agregó, a estas dos corrientes, el intento por aplicar al estudio de la realidad nacional los conceptos teóricos del materialismo histórico tomados desde un punto de vista revisionista sobre las bases teóricas que se encuentran en las obras de Hernández Arregui. Las tres corrientes tienen en común el estudio empírico de la realidad nacional, sin la utilización del modelo europeista.

La diferencia entre la historia liberal y el revisionismo histórico surge de la utilización o no del modelo europeo para el análisis de la historia nacional. El revisionismo histórico, al abandonar los conceptos liberales de interpretación, retoma el concepto de nación y fundamenta una política nacional de autentico contenido antiimperialista, mas allá de que el revisionismo aristocrático no tenga posibilidades materiales de concretar su política en un nacionalismo elitista sin pueblo.

Parte del revisionismo histórico comparte con el liberalismo criterios idealistas en la interpretación de la historia subestimando el papel del pueblo en las luchas nacionales, aun cuando sus conclusio¬nes resulten diferentes

Los aportes documentales del revisionismo histórico son innegables, sobre todo en su primera época. Posteriormente surge un revisionis¬mo interpretativo, no documental, que al no realizar una labor de investigación deja esa tarea en manos casi exclusiva de la historia liberal.

La ciencia de la historia supone los materiales empíricos que permitan al historiador reconstruir los hechos que, en el caso de la historia argentina del siglo pasado, son principalmente los documentos escritos. Exige también una concepción de la historia que permita explicar el sentido de los hechos que se estudian. Esto implica, en el caso de los piases hispanoamericanos (como para los restantes países no europeos),la elaboración de instrumentos conceptuales de interpretación diferentes a las concepciones teóricas interpretativas elaboradas para la realidad europea, por ser otra la realidad que se estudia.
El material documental dado por la investigación histórica argentina, tanto liberal como revisionista, resulta insuficiente para una tarea de síntesis, Se trabaja con un mínimo de material documental mientras la mayor parte de los documentos de los archivos no han sido consultados. Se trata de retomar entonces, la tarea de investigación documental con criterios interpretativos que permitan la explicación de hechos y procesos, para llegar así a la síntesis histórica. Es la tarea del revisionismo crítico cuyas bases están dadas por las obras de Scalabrini Ortiz, Jauretche, Rosa, Cooke, Hernández Arregui y Puiggrós. Es también su contribución como política de la historia a las luchas nacionales por la liberación.

Cárcel de La Plata (U-9), 1981.

(Publicado por el Instituto para la Cultura en la reorganización popular -INCREPO, La Plata, 1984).

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