LOS POPULISMOS LATINOAMERICANOS

por Cátedra

(Por Ramón Torres Molina): La teoría política utiliza la categoría de “populismo” para definir ciertos fenómenos políticos que muchas veces tienen pocos elementos en común, que incluso, en sus objetivos, resultan antagónicos. Parecería que con la utilización del término aplicado sin mayor análisis a esa diversidad de movimientos políticos, se tratara de evitar un estudio preciso de las circunstancias en que se originan y los objetivos que persiguen y a la vez se los descalifica a través de una terminología que tiene alto contenido peyorativo. Ningún movimiento político se autodenomina “populista”; ningún político afirma sostener en el plano de la teoría una política “populista”. La definición se adopta desde afuera para analizar a un movimiento político que una vez denominado “populista” es descalificado con análisis de derecha o de izquierda.

Se ha intentado definir el populismo como un movimiento que expresa a una clase social determinada. Si se estudia empíricamente a los movimientos que son llamados populistas, se observaría que tal criterio no resulta adecuado teniendo en cuenta la diferente composición social de los movimientos que son llamados así. En general predomina la tendencia a considerar a los populismos como movimientos de la clase media predominantemente rurales (1).

La existencia de movimientos que tienen otra composición social y que son considerados como expresiones típicas del populismo refutaría este reduccionismo clasista.

Para.las corrientes funcionalistas el populismo sería consecuencia de la a sincronía del tránsito de una sociedad tradicional a una sociedad industrial. La coexistencia en una misma etapa de elementos pertenecientes a uno y otro tipo de sociedad (a sincronía) daría lugar a movimientos políticos en los cuales aparece distorsionada la naturaleza de clase de los sectores sociales que la componen (2).

Otro criterio intenta definir al populismo a través de la ideología (3). Populista sería todo movimiento con una ideología anti-sistema. Si bien puede ser este un elemento que está presente en los movimientos populistas, la ideología anti-sistema da cuenta de ideologías políticas diferentes. De acuerdo a este criterio una forma específica de populismo sería el fascismo. Se pierde así el contenido político de los movimientos que son definidos como populistas. Las dificultades en la definición del populismo, llevarían a la idea de que la teoría política cuando utiliza la categoría “populismo”, en realidad lo que está haciendo es clasificar una serie de fenómenos políticos con relación a los cuales ha observado ciertos elementos que tienen la apariencia de ser comunes pero ante la imposibilidad conceptual de explicarlos, elabora una categoría de análisis, el populismo, que en definitiva lo que hace es encubrir la explicación científica del hecho político al que da tal denominación. Sería algo similar a la teoría de post-guerra sobre los Estados totalitarios, que tomando elementos secundarios de los estados fascistas y socialistas los analizaban como conjunto, impidiendo así la explicación de sistemas políticos opuestos.

El término populista aplicado al narodnichéstvo ruso, a ciertos movimientos norteamericanos incluyendo al macartismo (4), a los regímenes fascistas (5), al peronismo (6), al varguismo y a diversos movimientos en los nuevos estados africanos impide, en definitiva, la explicación de los fenómenos de los cuáles debe dar cuenta la teoría política a través de una generalización anticientífica y una descalificación política por la terminología que se utiliza y las comparaciones que se efectúan.

Se observa también que todos los análisis sobre el populismo en los países del Tercer Mundo prescinden de un elemento esencial de la realidad política de estos países: su dependencia de las grandes potencias, de las empresas transnacionales y de los centros financieros internacionales. El populismo sería, de acuerdo con esos análisis, un movimiento político que podría darse, tanto en los países desarrollados como en los países del Tercer Mundo, sin que existan diferencias significativas y sin tener en cuenta la división entre países centrales y periféricos.

Si limitamos el análisis a los que son llamados movimientos populistas en América Latina se pueden obtener ciertas precisiones conceptuales que rescatan el valor de algunos de los elementos que surgen de las teorías sobre el populismo; siempre que sean considerados desde otra perspectiva.

La formación de los estados nacionales en los países latinoamericanos fue simultánea con el proceso de formación de los estados nacionales europeos. Las revoluciones burguesas europeas consolidaron esos estados nacionales incorporándoles una institucionalidad que intentaba limitar el poder del estado (constitución, división de poderes, declaraciones de derechos). El principio de soberanía fue inherente al estado nacional. Sin soberanía no había estado nacional.

Las guerras por la independencia hispanoamericana cuya culminación fue la formación de los respectivos estados nacionales, proclamaron la independencia política de las colonias, y copiaron o intentaron hacerlo, la institucionalidad de los países europeos, pero no ejercieron plenamente el principio de soberanía.

La soberanía política de los estados hispanoamericanos estuvo limitada por diversas formas de dependencia económica y por intervenciones armadas. Sin esa soberanía económica, sin la posibilidad de disponer libremente de los recursos económicos, no existe soberanía política, Las formas de dependencia económica afectaron el principio de soberanía propio de todo estado nacional. De esa forma los estados hispanoamericanos (igual que Brasil, en un proceso histórico distinto) mantuvieron una independencia política formal que coexistió con distintas formas de dependencia económica y política incompatibles con el principio de soberanía propio de todo estado nacional.

Pueden observarse distintas respuestas en América Latina tendientes a superar esa realidad. Si limitamos el análisis a la política latinoamericana de este siglo podemos constatar diversos tipos de movimientos populares, uno de los cuales son los llamados populismos, que intentaron cumplir con esa tarea inconclusa de las revoluciones burguesas que es la vigencia efectiva del principio de soberanía. A esos, movimientos los podemos clasificar de la siguiente forma:

a) Las revoluciones latinoamericanas (mexicana, guatemalteca y boliviana)
b) Los llamados movimientos populistas (peronismo y varguismo principalmente)
c) Los movimientos guerrilleros. ‘
d) El cambio revolucionario a través de la legalidad (la experiencia chilena)
e) Las revoluciones socialistas (cubana y nicaragüense) (7)

Tanto las revoluciones latinoamericanas como los llamados movimientos populistas se plantearon una estrategia que era complementaria de las tareas inconclusas de una revolución burguesa en un país dependiente. Intentaron, en definitiva, hacer un país independiente, reivindicando el principio de soberanía en una etapa histórica tardía en la que ya habían culminado las revoluciones burguesas europeas. Las revoluciones latinoamericanas intentaron la modernización del país a través de la Reforma Agraria y los llamados movimientos populistas, a través de una política de industrialización.

Los movimientos guerrilleros, la unidad popular chilena y las revoluciones cubana y nicaragüense, en determinado momento de su desarrollo, siguieron una estrategia socialista.

Tomando en particular a los llamados movimientos populistas se puede constatar que todos ellos tienen en común el sostener una política nacionalista que tiende a superar la situación de dependencia del país. Este objetivo definitorio de la política de los movimientos que en América Latina han sido llamados populistas, no es considerado en las elaboraciones teóricas sobre el populismo. En consecuencia, si se elimina el elemento político esencial, cualquier comparación con otros movimientos políticos europeos o norteamericanos resulta artificial.

Teniendo en cuenta este objetivo nacionalista de los movimientos que en América Latina han sido llamados populistas, la denominación que resultaría mas adecuada para ellos, que no encubriría ni distorsionaría los objetivos, sería llamarlos Movimientos de Liberación.

Es la denominación adecuada para todos los movimientos que en América Latina han sido denominados en forma despectiva, como populismos.

A partir de esa aclaración, en los análisis sobré el populismo existen elementos válidos algunos de los cuales pueden extenderse al conjunto de los movimientos populares de América Latina.

Los movimientos de Liberación fueron movimientos anti-sistema (8). No fueron absorbidos ni controlados por el sistema político de la época, y en consecuencia, alteraron significativamente ese sistema político. Mientras un partido socialista podía tener objetivos que en su estrategia y en el plano teórico podían ser de mayor profundidad en cuanto al cambio social que los planteados por los Movimientos de Liberación, los partidos socialistas fueron absorbidos por el sistema político vigente, fundamentalmente a través del parlamentarismo. En consecuencia, no fueron movimientos anti-sistema. En la medida en que un Movimiento de Liberación se adapta al sistema político, pierde su objetivo principal que es su política nacionalista y se transforma, en el mejor de los casos, en un partido popular. Pero ya no es un movimiento anti-sistema. La ideología de los llamados movimientos populistas está adecuada a una coyuntura determinada, muchas veces con serias contradicciones, que funciona en la medida que no existan alteraciones significativas de esa realidad.

El otro elemento común de los Movimientos de Liberación es que esos movimientos aparecen como representantes del “pueblo” y no de una clase social determinada o una alianza de clases estructurada.

La teoría clásica de la revolución (ya se trate de revoluciones burguesas o socialistas) consideraba que el sujeto histórico de la revolución era una clase social determinada (la burguesía o el proletariado) que establecía una alianza hegemónica con otras clases sociales. Ello no ocurre con los movimientos de liberación donde las clases sociales intervienen sin el reconocimiento de su propia identidad como clase, integrando el heterogéneo conjunto del “pueblo”.

Los componentes del pueblo varían según sea el país o la época que tomemos en consideración. De ahí que la teoría sobre los movimientos populistas fracase cuando trata de identificar al populismo con una clase social determinada.

Pero la consideración del “pueblo” como tal es uno de los elementos más valiosos que pueden extraerse de las teorías elaboradas sobre los populismos.

Los Movimientos de Liberación (o populismos) igual que todos aquellos movimientos populares toman al “pueblo” como sujeto histórico de la transformación social, aún cuando expresamente no hagan ese reconocimiento. Es también la experiencia histórica de las revoluciones cubana y nicaragüense y de los actuales movimientos revolucionarios centroamericanos.

De tal forma que el aporte fundamental de los llamados populismos latinoamericanos es que permiten adecuar la teoría a la práctica de la transformación social, con la clara determinación del sujeto histórico de esa transformación.

La teoría clásica de la revolución se expresaba de la siguiente forma: Partido revolucionario como conductor del proletariado, clase social que a su vez hegemonizaba a otros sectores populares.

La teoría que se extrae de la experiencia de los Movimientos de Liberación, que es válida también para interpretar a los actuales movimientos revolucionarios de América Latina sería la siguiente: organización política- pueblo. Generalmente la organización política es un Frente político como es el de los llamados movimientos populistas.
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Si analizamos la experiencia histórica de los movimientos políticos que en América Latina han sido llamados populistas se puede hacer una delimitación cronológica. Estos movimientos surgen en la década del ’30, tienen su auge después de la Segunda Guerra mundial y se manifiestan esporádicamente y en circunstancias históricas muy determinadas después del ’60. Los ejemplos típicos son el peronismo y el varguismo. También tienen las mismas características el ibañismo chileno, el movimiento liberal de Gaitán en Colombia y el movimiento nacionalista panameño que defiende la devolución del canal. Este último movimiento se mantiene en el tiempo como consecuencia de una situación colonial no resuelta. Con posterioridad a los años ’60 se pueden encontrar los ejemplos del gobierno del General Torres en Bolivia, o de Cámpora en Argentina, ambos de muy corta duración.

El auge de los Movimientos de Liberación en la postguerra estuvo posibilitado, por las circunstancias favorables para los países de América Latina con sus saldos acreedores con respecto a los países desarrollados y un mayor margen de autonomía política posibilitado por la situación de las grandes potencias volcadas a la reconstrucción europea. Desaparecida esa condición política, los llamados movimientos populistas no pueden manifestarse, o se manifiestan solo esporádicamente y durante un tiempo muy limitado.

Asistimos entonces a una transformación de los que fueron llamados populismos. Por un lado, al dejar de ser movimientos anti-sistema los llamados “populismos” se transforman en movimientos o partidos populares, sin el planteo de sus reivindicaciones originarias (por ejemplo, el Partido Justicialista). Por otro lado sectores de esos Movimientos de Liberación pueden integrar movimientos revolucionarios que se proponen alterar el sistema político vigente desde la perspectiva de una estrategia socialista.

Notas
(1). Escribe Lipset sobre movimientos a los que considera comprendidos en el populismo. “Al tratar del macarthismo y del poujadismo en la misma sección con el fascismo italiano y con el nazismo alemán y austríaco no pretendemos sugerir que esos movimientos habrían resultado en dictaduras si sus jefes hubieran alcanzado el poder. Lo que si sugerimos es que ellos, al igual que otros movimientos que se dirigen a las clases medias independientes urbanas y rurales, eran en gran parte producto de las frustraciones insolubles de las que se sienten arrancadas de las tendencias fundamentales de la sociedad moderna. No solamente estos cinco movimientos nacionales eran respaldados en forma desproporcionada por los pequeños comerciantes independientes, sino que en cada país contaban con un apoyo mayor de parte de los que vivían en granjas o pequeñas ciudades y pueblos de provincia “LIPSET, Seymur Martín, El hombre político, Buenos Aires EUDEBA 1963, p. 151.

(2) Las interpretaciones funcionalistas sobre la realidad argentina pueden verse en GERMANI, Gino, Política y Sociedad en una época de transición, Buenos Aires, Paidos, 1966 y GERMANI Gino, GRACIARENA Jorge, DI TELLA Torcuato, Argentina sociedad de Masas EUDEBA, 1965.

(3) Sobre las dificultades para definir al populismo puede verse LACLAU, Ernesto, Política e Ideología en la teoría marxista, Madrid Siglo XXI, 1986.

(4) Lipset llama al macartismo “extremismo Populista”. Ver Lipset Seymour Martin, obra citada p. 148

(5) Para Laclau, el nazismo es también una experiencia populista, “El Nazismo constituyó, en consecuencia, una experiencia populista, y como todo populismo de las clases dominantes, debió apelar a un conjunto de distorsiones ideológicas (el racismo por ejemplo) para evitar que el potencial revolucionario de las interpretaciones populares se orientara a sus verdaderos objetivos”. LACLAU, Ernesto, obra cit. p. 203.

(6) Germani relacionaba al peronismo con el fascismo: “Era necesario aportar grandes cambios a ese esquema, y el peronismo, que surgió a partir de la revolución militar fue justamente la expresión de las particulares condiciones creadas en la Argentina por el acumularse de una serie de factores antiguos y recientes, que hemos tratado brevemente de resumir. Se llegó así a otra paradoja, de las que es fértil la historia del país: un movimiento de tipo fascista desembocó en régimen de indudable carácter totalitario, pero dotado de rasgos muy distintos de su modelo europeo, un tipo de autoritarismo basado sobre el consentimiento del apoyo de la mayoría, que por primera vez en 16 años pudo expresar su voto en elecciones regulares”. GERMANI, Gino Argentina…, ob. cit. p. 226. Lipset llama al peronismo “Fascismo de la clase baja”, LIPSET, Seymour Martin, ob. cit. p. 152.

(7) La Revolución Nicaragüense es definida como socialista por su estructura de poder que sustituyó la institucionalidad burguesa por el poder popular y no por las relaciones de producción predominantes.

8) El carácter del peronismo como movimiento anti sistema fue analizado por Cooke. Ver por ejemplo el capítulo, El peronismo es el hecho maldito de la política del país burgués en La lucha por la liberación Nacional, Ediciones Papiro, Buenos Aires 1971, en el que se lee: “Eso explica porque el peronismo, los peronistas, seguimos siendo el hecho maldito de la política argentina. La cohesión y el empuje de nuestro Movimiento es la de las clases que tienden a la destrucción del statu-quo. Pero la ideología del Movimiento no está en correspondencia con ese papel objetivo y concreto dentro de la sociedad argentina”. Ob. cit. p. 83” “… el peronismo fue el más alto nivel de conciencia a que llegó la clase trabajadora argentina.
“Por razones que sería largo de explicar aquí, el peronismo no ha reajustado su visión y sigue sin elaborar una teoría adecuada a su situación real en las condiciones político-sociales contemporáneas.
“Los peronistas en conjunto no hemos llegado a comprender que ese déficit es lo que nos costó la caída del Gobierno y que mientras persista no nos será posible llevar a cabo seriamente y con éxito la toma del poder. Por eso es que hemos sido formidables en la rebeldía, la resistencia, la protesta; pero no hemos conseguido ir más allá porque, como alguna vez lo definimos -con gran indignación de los adoradores de mitos y fetiches- seguimos siendo como Movimiento, un gigante invertebrado y miope”. Ob. cit. p. 84.

(Publicado en Retruco Nº 7, Buenos Aires, abril de 1989)

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