COLONIALISMO Y AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS

por Cátedra

(Por Ramón Torres Molina): Ningún pueblo festeja el día en que fue sometido a la dominación colonial. Los pueblos de América no festejan, en consecuencia, el 12 de octubre de 1492. Los pueblos de América conmemoran, en 1992, quinientos años de resistencia aborigen, negra y popular.

Hablar del descubrimiento de América, es aceptar una visión euro centrista de la historia como si los pueblos de América no hubiesen tenido cultura e historia antes de la llegada de los españoles. Significa escribir la historia al revés, como si ésta comenzara cuando llegó algún extranjero a nuestras tierras cambiando los nombres aborígenes de la región por otros nombres. Se escribe así la historia de la Patagonia, como si hubiese sido territorio deshabitado, cuando en realidad la historia de la Patagonia es la historia de la despoblación de la Patagonia, de la persecución y exterminio de sus habitantes.

Como esa visión euro centrista de la historia es anticientífica y agraviante para los pueblos de América se habló, entonces, del encuentro de dos culturas. Con ello se ignora las diferentes culturas de los pueblos de América y se trata de ocultar el objetivo del colonialismo europeo, que era subordinar y destruir las culturas aborígenes, sustituyéndolas por otra cultura.

No hubo descubrimiento de América ni encuentro de dos culturas. Se implantó el colonialismo, que es la subordinación de un pueblo, una cultura o un estado a otro estado que se impone como estado dominante. Se formaron así los viejos imperios coloniales (español, portugués, inglés) que con diferencias exterminaron a gran parte de nuestra población, saquearon nuestras riquezas, degradaron la naturaleza e intentaron destruir nuestras culturas aborígenes.

El fundamento ideológico del colonialismo español fue el de la conversión de la población aborigen a la religión católica. Para ello se debieron superar discusiones sobre los habitantes de América; si eran o no seres humanos, si tenían o no alma. Paulo III declaró en 1537 que los aborígenes de América eran “verdaderos hombres”. Ese fundamento ideológico y las Leyes deIndia, que aparecían como protectoras de las poblaciones aborígenes, encubrieron el verdadero carácter del colonialismo español. Contribuyó a esa confusión la mezcla entre españoles y aborígenes que dieron origen a las poblaciones mestizas.

El nuevo colonialismo de las últimas décadas del siglo XIX, que se impuso a los pueblos de Asia y África tuvo un fundamento ideológico diferente. Se teorizó sobre la superioridad racial del hombre blanco que justificaba su tarea civilizadora en los pueblos del Tercer Mundo. (1)

El fundamento ideológico del viejo colonialismo fue distinto al del colonialismo de los siglos XIX y XX. Los argumentos mas brutales del último contribuyeron a confundir el significado del colonialismo español, cuyos fundamentos eran la evangelización de las poblaciones aborígenes a través de leyes que aparecían como protectoras de la población colonizada.

Pero la política evangelizadora del viejo colonialismo atacó a uno de los fundamentos de toda cultura como es la religión. Un cambio brusco en los principios religiosos de una cultura (y no un progresivo sincretismo), crea las condiciones para la destrucción de esa cultura, por la alteración de sus valores fundamentales. Sobre esa alteración de valores operó el colonialismo español.

La constitución argentina de 1853 protege la libertad de cultos. Esta garantía fue propuesta por Alberdi para llevar a la práctica su objetivo de “gobernar es poblar”. Se trataba de sustituir nuestra cultura y población por otras de origen anglosajón. Para eso era necesaria la libertad de cultos. Pero ese derecho que se consagra para cualquier religión no existe para los cultos aborígenes. Entre las atribuciones del Congreso está la de promover la conversión de los aborígenes al catolicismo (artículo 67, inciso 15). ¿Por qué esa discriminación entre los cultos aborígenes y otros cultos?(2).

Como consecuencia de esas alteraciones culturales, pueblos de agricultores que complementaban su agricultura con la minería, fueron transformados en pueblos exclusivamente mineros. La ciudad de Potosí se convirtió en una ciudad con mayor población que las más importantes de España (Sevilla, Madrid) cuyos habitantes debían extraer los metales de su cerro para su traslado a Europa. Queda hoy como testimonio de esa explotación colonial la naturaleza devastada del territorio boliviano y de tantos otros lugares de nuestra América.

El viejo colonialismo incorporó en América otro elemento cultural. Como los pueblos aborígenes tenían una identidad cultural que les permitía resistir la política colonialista, se trasladó a nuestro continente a las poblaciones africanas. La esclavitud aborigen hubiera estado en contradicción con el fundamento ideológico del colonialismo, que era la evangelización. Con las poblaciones africanas no existió esa contradicción, y su explotación fue mayor aun que la de los pueblos aborígenes. Borges describió este fenómeno con palabras que son algo injustas para Fray Bartolomé de las Casas:

“En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros, que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas”(3).

La política de explotación y marginación de las poblaciones aborígenes y afroamericanas en la actualidad puede llevar a plantear, como reivindicación para esos pueblos, el principio de igualdad ante la ley. Este fue uno de los objetivos de parte del movimiento negro norteamericano.

Sostener la igualdad ante la ley lleva implícito la aceptación de una cultura dominante y la pretensión de incorporarse a esa cultura por parte de quien reclama el principio de igualdad ante la ley.

Por eso la lucha de las poblaciones aborígenes y afroamericanas debe ser por la reivindicación del derecho a la autodeterminación de los pueblos que supone el mantenimiento de la propia identidad cultural y objetivos de tipo político como son el derecho a la tierra, el respeto a las propias instituciones creadas por las sociedades aborígenes y a la oficialización de sus lenguas.

Las Naciones Unidas sistematizaron los derechos relativos a las relaciones entre estados consagrando, entre otros, los principios a la autodeterminación de los pueblos y de integridad territorial de los estados. Fue consecuencia de las luchas anticolonialistas de los pueblos del Tercer Mundo.

Históricamente el derecho a la autodeterminación de los pueblos es producto de las luchas por la independencia. Lograda esa independencia y establecido el estado nacional, se reafirma el principio de integridad territorial de los estados. No se pueden modificar los límites de ese estado. Las arbitrarias divisiones territoriales impuestas por los países colonialistas a los pueblos del Tercer Mundo no podían ser modificadas una vez que los países lograban su independencia y formaban su estado nacional. Es un principio de validez universal.

Las grandes potencias y las empresas transnacionales han aplicado arbitrariamente, de acuerdo con sus intereses, estos principios. En Hong Kong se respeta el principio de integridad territorial, a pesar de la opinión contraria de su población de reincorporarse a China. En Malvinas, el colonialismo británico pretende hacer prevalecer el principio de autodeterminación de los pueblos, por encima del principio de integridad territorial del estado argentino.

Los gobiernos de Europa Occidental, de los Estados Unidos y las empresas transnacionales han promovido el derecho a la autodeterminación de los pueblos para contribuir a destrucción de estados como el soviético y el yugoslavo, en favor de su propia hegemonía política e intereses económicos. El mismo derecho que negaban a los pueblos colonizados, es incentivado para otros pueblos (minorías étnicas dentro del estado), cuando se trata de romper su integridad territorial, en contra de los principios expresamente aceptados por las Naciones Unidas.

Por eso, cuando hablamos del derecho a la autodeterminación de los pueblos como reivindicación aborigen y afroamericana, ese objetivo está planteado dentro de los actuales estados nacionales latinoamericanos y del Caribe que son en si mismos estados plurinacionales que no respetan los derechos de las poblaciones aborígenes y afroamericanas.

Una unión de estados latinoamericanos y del Caribe presupone el mantenimiento de los limites territoriales de los estados de nuestro continente y el fortalecimiento de estos estados, atacados hoy, en sus limites territoriales, su mar jurisdiccional, sus recursos económicos a través de las políticas privatizadoras, 1a pérdida del control político y económico en el propio territorio por la existencia de circuitos económicos informales y el control ejercido en importantes sectores del poder y del territorio por grupos organizados del narcotráfico.
Incluso desde formulaciones teóricas que se presentan como progresistas se pretende privatizar la función jurisdiccional del estado (a través de críticas justas al actual sistema jurídico) quitándole al estado su deber y responsabilidad ante la sociedad (por ejemplo las teorías abolicionistas en materia penal, o algunas expresiones de la criminología crítica). No se trata de disputa contra el poder del mismo estado (por ejemplo la lucha de las guerrillas), sino de una política que lleva a la destrucción del estado.

El reconocimiento al derecho a la autodeterminación de lo pueblos en los actuales estados nacionales latinoamericanos y del Caribe fortalece la soberanía de nuestros estados al darle una mayor base social de sustentación al estado.

Los componentes aborígenes y afroamericanos de la identidad latinoamericana pasan desapercibidos en Argentina como consecuencia de la composición de su población, con un importante aporte inmigratorio y el casi exterminio de las poblaciones aborígenes. No lo concibieron así los patriotas de la época de la independencia que reivindicaban nuestros orígenes aborígenes. Moreno estudió las condiciones de sometimiento social de las comunidades aborígenes del Alto Perú. San Martín hablaba de “nuestros paisanos, los indios”, Belgrano propuso la monarquía Inca.

El resto de América se diferencia de Argentina en cuanto a la composición de su población. Guatemala tiene un 65% de la población que es aborigen, Bolivia el 53 %; Perú el 50 %.En Ecuador el 50 % de la población habla quichua. El 30 % de la población del Perú no habla castellano. En México subsisten 56 etnias aborígenes .El 95 % de la población de Haití es afroamericana. El 75 % de la población dominicana tiene ascendencia africana. El 90 % de la población paraguaya es mestiza. El 70 % de la población do Nicaragua y Panamá es mestiza. (4).

América es, entonces, en su cultura, española, portuguesa, aborigen y afroamericana. Pero para que pueda existir una síntesis cultural deben reconocerse nuestros orígenes aborígenes y afroamericanos. Sin ese reconocimiento no hay síntesis cultural posible.

Sarmiento habló de la necesidad de exterminar a las poblaciones aborígenes. En lo que fue quizá su único elogio al colonialismo español, escribió palabras como estas:

“Porque seamos justos con los españoles. Al exterminar a un pueblo salvaje cuyo territorio iban a ocupar, hacían simplemente lo que todos los pueblos civilizados hacen con los salvajes, lo que la colonia efectúa deliberadamente o indeliberadamente con los indígenas, absorbe, destruye, extermina. Si este procedimiento terrible de la civilización es bárbaro y cruel a los ojos de la justicia y de la razón es, como la guerra misma, como la conquista, uno de los medios de que la providencia ha armado a las diversas razas humanas y entre estas a las mas poderosas y adelantadas, para sustituirse en lugar de aquellas que por su debilidad orgánica o su atraso en la carrera de la civilización no pueden alcanzar los grandes destinos del hombre en la tierra. Puede ser muy injusto exterminar salvajes, sofocar civilizaciones nacientes, conquistar pueblos que están en posesión de un terreno privilegiado, pero gracias a esa injusticia la América en lugar de permanecer abandonada a los salvajes incapaces de progreso está ocupada hoy por la raza caucásica, la mas perfecta, la mas inteligente, 1a mas bella y la mas progresista de todas las que pueblan la tierra….” (5).

Las ideas racistas y genocidas de Sarmiento fueron sistematizadas en el Facunda, en lo que llamó la lucha entre la civilización y la barbarie. Los pueblos de América representaban la barbarie. (6)

La subsistencia de los pueblos aborígenes y de sus culturas, a pesar de las políticas de exterminio y destrucción de sus identidades culturales, constituyen el triunfo de los pueblos de América en estos quinientos años de lucha.

NOTAS.
(1) Mommsen Wolfgang J , La época del imperialismo. Europa 1885-1918, Siglo XX, Madrid, 1978.
(2) ALBERDI Juan Bautista .Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, Buenos Aires, Jakson, 1944.
(3) BORGES Jorge Luis, Obras completas, Buenos Aires, Emecé, 1974. p.295.
(4) Puede consultarse los datos sobre la población de América en Guía del Tercer Mundo, Buenos Aires, Contrapunto, 1985.
(5) El Progreso, Chile, 27 de septiembre de 1844.
(6) SARMIENTO Domingo Faustino. Facundo, Buenos Aires, Jackson, 1944.

(Publicado en Retruco Nº18, Buenos Aires, diciembre de 1992).

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