UN CAMBIO POLÍTICO: LA ELECCIÓN DE CONVENCIONALES CONSTITUYENTES

por Cátedra

(Por Ramón Torres Molina): El resultado de las elecciones del 10 de abril señala un profundo cambio en la realidad política del país. La disminución en el porcentaje de votos de los partidos firmantes del Pacto de Olivos y el aumento de los votos opositores, que triunfaron en distintos lugares del país, es un serio llamado de atención a los políticos que reemplazaron las decisiones populares por acuerdos de dirigentes que sólo tuvieron en cuenta sus propios intereses y no los del conjunto de la sociedad. La crisis de los partidos mayoritarios es la crisis de la que se autodenomina “clase política”, de los políticos que hacen de lo que debería ser una actitud al servicio del país una profesión privilegiada con la que se enriquecen capturando para sí los bienes del Estado, o participando en las ganancias de los contratos que firman como funcionarios. Tal deformación de la democracia representativa, en la que los elegidos se consideran dueños de los cargos, sin obligación alguna de rendir cuentas al pueblo, ha recibido un serio cuestionamiento de los electores. El 10 de abril se votó por la ética, contra la corrupción, por un profundo cambio en los métodos de hacer política; se votó por aquellos que fueron consecuentes en sus principios.

Así como en el futuro no habrá más impunidad para quienes se enriquecen a costa de los bienes públicos, ya no hay impunidad para los traficantes de ideas, que consideran que se puede decir una cosa y hacer otra, como si el pueblo no entendiera. Tampoco la hay para quienes se arrogan la voluntad del pueblo reemplazando lo que debió ser un profundo debate sobre la reforma de la Constitución para incorporar a ella normas que protejan nuestro patrimonio nacional, garanticen los derechos sociales, protejan nuestra cultura y establezca formas de participación popular como el plebiscito, el referéndum, la iniciativa y la revocatoria de mandatos, por un acuerdo entre dirigentes. De la misma forma que en Uruguay, Brasil y otros países de América, el pueblo argentino, demostró que no existe lo que los teóricos del liberalismo llamaron el fin de la historia y que un cambio político es posible si es ésa la decisión del pueblo.

(Publicado en Página 12, La Plata, 16 de abril de 1994.)

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