LA REVOLUCIÓN DEL 9 DE JUNIO DE 1956

por Cátedra

(Por Ramón Torres Molina): Se han cumplido cuarenta años del movimiento revolucionario que el 9 de junio de 1956 intentó derrocar al gobierno que se llamó Revolución Libertadora, que había depuesto, en septiembre de 1955, al segundo gobierno de Perón.

En un país en el que las dictaduras militares han capturado el gobierno mediante los golpes de Estado para aplicar sus políticas represivas y entreguistas, fueran focos los movimientos militares que intentaron tomar el gobierno respondiendo a objetos populares. La revolución del 9 de junio de 1956 fue uno de esos movimientos militares con objetivos populares.

En un momento histórico en que el peronismo se encontraba proscripto, se reprimía a las organizaciones sindicales para tratar de eliminar las conquistas sociales y se revertía la política de nacionalizaciones dando origen a una política de entrega del patrimonio nacional, el movimiento revolucionario encabezado por el general Valle, planteaban en su proclama, que uno de sus objetivos era el inmediato llamado a elecciones libres.

En el movimiento revolucionario del 9 de junio participaron civiles; fueron civiles los fusilados en Lanús y en el basural de José León Suarez. También fueron civiles los que, junto a militares, combatieron en La Plata, durante la madrugada del 10 de junio, a las órdenes del Teniente Coronel Cogorno.

Pero no fue eso lo que le dio un carácter popular. Fue popular porque expresaba los objetivos políticos de la mayoría de la población y era parte de las acciones de resistencia del pueblo contra la dictadura.

Pero metodológicamente fue una conspiración militar, un típico golpe de Estado. Por su contenido siguió la tradición de las conspiraciones radicales de la década del treinta, cuando el radicalismo había proclamado la abstención revolucionaria y jefes militares como Pomar, Bosch o Cattaneo intentaban movimientos revolucionarios contra la política conservadora.

Fueron pocos los golpes de Estado que en América Latina respondieron a objetivos populares. Uno de ellos fue el que en 1932 proclamó, en Chile, la República Socialista. Otro el que en 1945 derivó en la Revolución Guatemalteca. El golpe de Estado del 4 de junio de 1943 que puso término a la década infame no fue un golpe de Estado popular, aunque derivó en el 17 de octubre de 1945 y en la formación del movimiento peronista.

Frente a la proscripción política que impedía el libre ejercicio del derecho a elegir, el peronismo en su conjunto veía en el golpe de Estado el único medio posible de recuperar el gobierno.

Sectores del peronismo insistieron, con este método, en noviembre de 1960 cuando tomaron el cuartel de Rosario. Otro movimiento militar de carácter popular fue el intento de toma de la Escuela de Mecánica de la Armada el 17 de noviembre de 1972, el día de retorno de Perón a la Argentina.

El golpe de Estado, como método para el acceso al gobierno, era lo conocido en nuestro país, con importantes antecedentes históricos como fueron las revoluciones de 1890, 1893 y 1905. No se habían analizado, y en consecuencia no habían tenido influencia otras formas de luchas populares desarrolladas en América, como la Columna Prestes en Brasil, las guerrillas de Sandino en Nicaragua, o la insurrección de los mineros bolivianos en 1952.

Johon Williams Cooke, delegado de Perón y posteriormente miembro del Comando Táctico elaboró en 1957 un documento en el que propugnaba una insurrección popular. Pero esa fue la posición de Cooke, el principal dirigente de la resistencia peronista, pero no la del conjunto del peronismo.
La huelga general revolucionaria de enero de 1959 fue una expresión parcial de esa estrategia insurreccional que se dio en condiciones distintas a las previstas por Cooke.

En 1959, el ejemplo triunfante de la Revolución cubana influyó en el intento guerrillero de Uturunco, pero no modificó la concepción que tenía la mayor parte del peronismo, de ver en el golpe de Estado el método adecuado para la toma del poder.

Esa concepción fue progresivamente superada a partir de 1968 con el inicio de las operaciones guerrilleras urbanas, que a su vez se basaron en la experiencia anterior de la resistencia peronista.

Por eso, a cuarenta años de la Revolución del 9 de junio de 1956 reprimida con el fusilamiento de civiles y militares, acciones estas que profundizaron el ciclo de violencia iniciado el 16 de junio de 1955 con el bombardeo a Plaza de Mayo, rescatamos el sentido nacionalista y popular de ese movimiento y rendimos nuestro homenaje a la conducta ejemplar del General Valle, a los combatientes que en La Plata tomaron el Regimiento 7 de Infantería, a los fusilados en La Plata, Cogorno y Abadie, a los veintisiete civiles y militares que fueron fusilados.

(Publicado en El Resto, La Plata, Nº1, septiembre de 1996 ).

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