EL ESTADO EN LA GLOBALIZACIÓN

por Cátedra

 

Nuevo orden internacional significaba reconocer abiertamente la existencia de un poder mundial hegemónico, los Estados Unidos, mientras que globalización constituye un concepto neutro, que reconoce ciertas realidades como la integración mundial de los mercados o los cambios en la electrónica y las comunicaciones, por lo que trata de diluir esa hegemonía. Pero el cambio de palabras no modifica la realidad, por lo que podemos hablar de una globalización hegemónica norteamericana.

 

La globalización tiene como enemigos a los Estados nacionales, a las naciones y a la cultura nacional. La política hegemónica norteamericana promovió en los países periféricos las privatizaciones de las empresas del estado, la desregulación de la economía y su endeudamiento externo como una forma permanente de dominación limitando el poder del estado que podría hacer frente a esa globalización. El proclamado estado de bienestar reconocido por el constitucionalismo social que se consolidó después de la Segunda Guerra Mundial, que obligaba al estado a desarrollar políticas activas en lo económico y social, se transformó, en épocas de globalización, en un mínimo de estado en esas áreas (tal como lo planteaba el liberalismo clásico de John Locke y Adam Smith) indiferente de la exclusión social y de la sociedad dual que afecta el propio concepto de nación.

 

La desarticulación de los estados nacionales tiene dos efectos: promueve los regionalismos al margen del estado nacional, y funciones que eran consideradas propias de la soberanía de los estados son asumidas por organismos transnacionales o por uniones de estados.  Los regionalismos y ciertos organismos transnacionales actúan, de esa manera, como fuerzas desintegradoras del estado nacional.

 

Las políticas de integración, como decisiones soberanas de los estados, constituyen ejes de resistencia contra la globalización hegemónica. La debilidad de los estados nacionales periféricos en el contexto de la globalización puede ser contrarrestada por uniones de estados con capacidad de adoptar políticas que enfrenten la hegemonía de las grandes potencias. Ello es diferente a las políticas de subordinación en organismos que pueden ser políticos, económicos, financieros, culturales, militares o de seguridad, que  constituyen centros de ejecución de políticas hegemónicas y no son creados por la voluntad soberana de los estados en un plano de igualdad.  Es la función que cumplen, por ejemplo el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y muchas veces la Organización de Estados Americanos como ejecutores de las políticas dispuestas por el Consenso de Washington.

 

El derecho internacional tradicional establecía relaciones entre estados.  La globalización implicó la privatización del poder tanto en el orden nacional como internacional y la política exterior de un estado se relaciona (además de los estados) con organismos internacionales y privados como las corporaciones y empresas transnacionales que reemplazan el poder de los estados y toman decisiones estratégicas en lo político, económico, seguridad y defensa.  Los estados periféricos aparecen entonces como ejecutores de política que son tomadas por los grandes centros de poder en detrimento de su propia soberanía.

 

Son opuestas entonces, las políticas de integración de los estados que son  decisiones soberanas,  que posibilitan establecer un frente común contra la globalización hegemónica, y las políticas dispuestas por organismos internacionales públicos y privados que contribuyen a la pérdida de la capacidad de decisión de los estados.

 

Si se analiza la evolución actual del estado se advierten profundas transformaciones que modifican los elementos que definieron lo que históricamente fue llamado estado nacional.  Se observa lo que podría ser llamado como una crisis del estado nacional.  Esa tendencia podría llevar a la disolución de los estados nacionales que serían remplazados por regionalismos y organismos transnacionales, entre ellos las uniones de estados.  Pero si se advierte la magnitud de los problemas de distinta naturaleza que enfrenta la humanidad  (desigualdades sociales, demográficos, económicos, ecológicos, de seguridad) se llega a la conclusión de que únicamente con la recuperación del poder del estados esos problemas podrán ser enfrentados.

 

Las efectivas políticas de integración presuponen la existencia de estados fuertes que ejerzan con plenitud su poder y que la delegación parcial de soberanía que pudieran realizar sea consecuencia de su propia decisión y no de la imposición de los grandes centros de poder.

 

De lo que se trata entonces, es de recuperar uno de los elementos clásicos que definen a un estado nacional: el ejercicio de su propia soberanía.

 

                                               Noviembre de 2001.

 

 

  Ficha Nº 2. Cátedra de Teoría Social del Estado. Facultad de Periodismo y Ciencias de la Comunicación. UNLP. Año 2003.

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